Artistas de Jaén
 
JUAN MARTÍNEZ
Nace en Navas de San Juan en 1942.
Pintor de extensa biografía artística,
son numerosas sus exposiciones en España y en el extranjero.
Vive en Suiza. Su útlima exposición donde pudimos
contemplar su obra en Jaén fue una extensa recopilación
de su trabajo desde 1975 a 2000 en la Universidad de Jaén.
+ Contacto: no disponible
         
Portada Artistas / Jaén Artistas de Jaén Juan Mártinez
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Incorporado a la galería
en enero de 2008.
Revisada en mayo de 2011.

IMPORTANTE:
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"S/T"
160 x 205 cm.
Acrílico s/ tela
1999

"ALGUNOS NO CUENTAN"
150 x 130 cm.
Acrílico s/ papel
1984
"GRITO PRIMITIVO"
160 x 150 cm.
Acrílico s/ papel
1984
"SI PUDIERA LLORAR DE MIEDO..."
150 x 150 cm.
Acrílico s/ papel
1984
"EL PERRO TAMBIÉN ESTÁ DENTRO"
160 x 150 cm.
Acrílico s/ papel
1984
"S/T"
160 x 205 cm.
Acrílico s/ papel
1999
"S/T"
150 x 130 cm.
Acrílico s/ papel
1994
ALGUNOS NOS CUENTAN"
150 x 130 cm.
Acrílico s/ papel
1984
"S/T"
150 x 130 cm.
Acrílico s/ papel
1992
"S/T"
150 x 130 cm.
Acrílico s/ papel
1994
 

Juan Martínez ha desarrollado la mayor parte de su carrera en Suiza.

Curriculum

NOTAS BIOGRÁFICAS

EXTRANJERO EN SU PROPIO PAÍS

Hace más de 20 años, en una galería de arte madrileña, tuve la oportunidad de acudir con mi padre (J. J. Megino) a ver una exposición de este extraordinario pintor de fama mundial nacido en nuestro pueblo. Su arte moderno y expresivo me impactó sobre todo al estar sus obras junto a las de otros famosos como Saura y Miró. Durante varios años he preguntado a gente de Navas sobre este personaje y nadie sabía de él, por eso aporto esta información para que sea conocido en su pueblo natal.

Juan Martínez nació en Navas de San Juan (Jaén) en 1942. De niño dejó los camposolivareros andaluces y se trasladó con su familia a Cataluña, estudió arquitectura en Barcelona pero acabó en  Searclens (Suiza) centrándose en la pintura. Él mismo dice sentirse hijo del desarraigo. Creció artísticamente en Centroeuropa y, de hecho, es más conocido en Suiza y Alemania que en su tierra natal, en la que de vez en cuando desembarca con su obra, porque se resiste a ser extranjero en su propia tierra. Desde su primera exposición en Ginebra, en 1967, su obra está presente enrelevantes museos de pintura moderna: Beaux-Arts (Ginebra), Arte Contemporáneo (Madrid), Guggenheim (Nueva York), Budapest, Pittsburg (Pensylvania), etc., además de recorrer importantes galerías europeas o americanas.

Carlos Fuentes dice que Juan Martínez es el mejor pintor español de su generación. El escritor afirma que en las pinturas de Martínez está la banalidad de lo inmediato y la desolación de lo existente. Hay en sus gentes vacío y tensión.

Su residencia en Centroeuropa tal vez haya sido determinante para darle a su obra unos matices expresionistas, un expresionismo de raíz germánica, que se ha enriquecido con una concepción dramática de la existencia que se puede rastrear en gentes tan alejadas como Saura, Goya o Valdes Leal.

Pese a su inmensa calidad, y al hecho de que tenga obra colgada en el Guggenheim de Nueva York, en el Museum of Arts de Pittsburg(Pensylvania) o en muchos grandes museos de Europa, Juan Martínez es relativamente desconocido en su propio país. Su última exposición en Madrid, en la galería Amparo Gamir, en abril de 2004, reúne una gavilla de obras realizadas desde el año 2000 hasta la actualidad, en las que se puede observar claramente un altísimo valor pictórico y una notable coherencia temática.

Carlos Megino Malo

Textos

Los gritos sólo son audibles para los que saben mirar.

Esta obra del pintor Juan Martínez se titula "Algunos no cuentan". Miro los rostros, los descubiertos y los tachados. Intento adivinar en sus miradas por qué unos cuentan y otros no cuentan.

Y los que sí cuentan hasta qué punto lo hacen. Te invito a que contemples con calma durante treinta segundos esta imagen. Detente en cada uno de los rostros. También en los tachados. Sobre todo en los tachados. Juan Martínez nació en Navas de San Juan (Jaén) en 1942. De niño emigró con su familia a Cataluña, estudió arquitectura en Barcelona y se marchó a pintar a Searclens, en Suiza. Élmismo dice sentirse hijo del desarraigo. Desde su primera exposición en Ginebra, en 1967, su obra está presente en relevantes museos de pintura moderna: Beaux-Arts (Ginebra), Arte Contemporáneo (Madrid), Guggenheim (Nueva York), Budapest, Pittsburg (Pensylvania), etc., además de recorrer importantes galerías europeas o americanas.

Es difícil quedarse indiferente ante la obra de Juan Martínez. El escritor Carlos Fuentes afirma que "en las pinturas de Martínez está la banalidad de lo inmediato y la desolación de lo existente. Hay en sus gentes vacío y tensión". Sus recursos son letras, escaleras, cruces, graffiti, guirnaldas, tulipanes, el blanco, el negro, el rojo.

"Yo no empleaba el verde, que me dominaba; me atrae el rojo que me quema, el amarillo, que me excita, el negro que me acompaña y el blanco, que me espera."

Y, sobre todo, los rostros. Seres que gritan y nadie los oye, porque sus "gritos sólo son audibles para los que saben mirar". Rostros tristes, compungidos, solitarios.

Mirando los rostros de Martínez, atenazados algunos por el miedo enorme que incluso les impide el llanto, me pregunto quién no cuenta. No serán las personas, sino las actitudes lo que sobra. Sobra el miedo, sobra la tensión que oprime y la impotencia incluso para el grito. Sobra la prepotencia, la estupidez, el desarraigo, la indiferencia.

Quizás sería mejor buscar qué nos falta. Tal vez lo que nos falta es saber mirar, para escuchar los gritos.

El palomo sobrevuela sobre esos rostros, sobre la gente que no cuenta, sobre la que grita en silencio, sobre la que no puede ni llorar de miedo. Observa los ojos y las miradas, los gestos, los silencios. Descubre, sobre todo, soledad. El palomo, en su vuelo, intenta aprender a mirar.

Al principio del artículo te invitaba a contemplar durante treinta segundos "Algunos no cuentan". Ahora me atrevo a preguntarte: ¿Sentiste algo?.

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VÁNITAS

Juan Martínez es hijo del desarraigo. Acuciada por la necesidad, la familia del pintor dejó los campos olivareros andaluces y se trasladó a Cataluña, cuando Juan Martínez era aún un bebé. En Cataluña Martínez hizo estudios de arquitectura, pero acabó en Suiza, centrándose en la pintura.

Carlos Fuentes dice que Juan Martínez es el mejor pintor español de su generación. El escritor afirma que en las pinturas de Martínez está la banalidad de lo inmediato y la desolación de lo existente. Hay en sus gentes vacío y tensión.

La muerte está en sus cuadros. A veces, el espectador puede pensar que el artista reinterpreta, en clave de modernidad, las antiguas “vanitas”, aquellas composiciones pictóricas encaminadas a representar la fugacidad de la existencia y la ineluctabilidad de la muerte, temática querida por diversos autores holandeses y españoles del XVII.

Martínez, con sus máscaras y rostros esta apuntado también a la vacuidad de la vida terrena, a la futilidad de una existencia que está destinada a la muerte. No está de más recordar que “vanitas”, en latín tenía la significación de vacío.

Dice Calvo Serraller. “El ansia existencial que de siempre ha impulsado el profundo pozo psíquico de Juan Martínez no deja naturalmente de mostrarse también aquí y ahora, devolviendo al artista a sus negros fueros españoles, de Goya en adelante. Me refiero a ese negativo de todo rostro, del que ni siquiera se libra la máscara: el de la muerte. No hace falta a este respecto subrayar el obvio sentido funerario de las máscaras, sino el espectral corte de calavera con que sintetiza Martínez el destino humano. Este corte o patrón conminatorio cobra, no obstante, una mayor y más vigorosa pujanza al ser tratado por Juan Martínez con la sumaria ligereza de una silueta, que se enreda, a veces, con la danzarina fragancia de una cartilla caligráfica, o, en otras, como un simple recortable, horadado o maculado con negros lunares, que refulgen sobre la superficie de la tela con los simplificados signos de un “comic” de la muerte, atravesado por bandas de luces nocturnas o diurnas, en azules y amarillos”.

MÁSCARAS Y GRITOS

Ciertamente, abundan las máscaras en su pintura. “La máscara –dice el pintor- es una autoprotección que permite exteriorizar algo que no se haría sin ella. Sin máscara tememos que se nos reconozca con nuestro propio cuerpo, nuestra propia piel, y se nos dañe. En la máscara hay autoprotección y expresión. A la vez.”

También abundan unos rostros que asoman desde sus cuadros con una mirada impávida e inquietante. Desde la época de los noventa reiteró la visión de un personaje que mira al espectador desde un hueco definido por un plano alargado rectangular. Son lo que él llama “los acechos”. ¿Acusa este personaje a alguien con su mirada? ¿Grita en silencio? “En realidad, pienso que no gritan los seres que hay en mis cuadros, más bien piensan y por eso adquieren ese aspecto fuera de todo lo normal”... “Mis personajes no son parte de clases ni mitos. Son la masa, el pueblo”, dice Martínez.

Y hay soledad en sus cuadros.”No invento nada. Miro alrededor y veo que el hombre nace, se mueve y muere solo”. En un mundo reacio a ver el drama, Juan Martínez, lo refriega por el rostro del espectador, con dramatismo, pero con delicadeza estética similar a la que tuvo hace siglos Calderón de la Barca cuando escribió:

“Estas que fueron pompas y alegría
despertando al albor de la mañana
a la tarde serán lástima vana
durmiendo en brazos de la noche fría...”

Tomás Alvarez

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Afincado en Suiza desde los años sesenta, pero sin renunciar a mostrar regularmente su obra en España, Juan Martínez (Navas de San Juan, Jaén, 1942) es una especie de exiliado voluntario, en cierto modo también un transterrado que únicamente reconoce su propio cuerpo como su verdadero territorio, dando pruebas con ello de su insobornable libertad e independencia. Preocupado desde siempre por la condición humana, los inquietantes rostros que aparecen en sus lienzos, distribuidos azarosamente como si fueran patrones recortados e injertados sobre un fondo de color, no pretenden reflejar su sufrimiento personal ni sus conflictos interiores, sino la ausencia, la falta de presencia ética y moral de las personas, aunque lo estén físicamente. Este fondo existencial que hay en su obra emana de su capacidad de observación, de la desolación que de manera inevitable detecta en el mundo que le ha tocado vivir, lo que viene a explicar su reciente reflexión sobre la vanidad y el vacío.

Con un lenguaje que supone una asimilación muy original del legado del arte del siglo veinte, lo primero que llama la atención es el contraste entre las formas esquemáticas y geométricas que pueblan por doquier sus composiciones, y esa otra figuración mucho más construida de los rostros que pinta, elaborados con una pasta pictórica densa, unitaria, que ofrece lejanas evocaciones del último Malévich, el que se adentró por los enigmáticos vericuetos de un intenso misticismo. Pero también hay en Juan Martínez huellas de su admiración por la síntesis suprematista, sobre todo cuando pinta rectángulos de color plano, contraponiendo el negro y el rojo. Él mismo ha dicho en más de una ocasión que los colores básicos de su pintura son el negro y el blanco, que la realidad transcurre con ellos dos, que le da miedo quedar atrapado por los demás colores, especialmente por el verde. Pero lo cierto es que una de las obras más logradas de la muestra, que reúne unos treinta acrílicos realizados en los últimos cuatro años, es precisamente Hombre en verde, un espléndido cuadro que resume muy bien la soledad y el desvalimiento del individuo: una cabeza que es un perfecto óvalo, con los ojos cerrados, imagen de la muerte, depositada sobre un yermo paisaje verde sobre el que se cierne un altísimo cielo asimismo en un tono verde profundo, que simboliza de algún modo el vacío, la angustia, la completa carencia de asideros a la que tiene que hacer frente el hombre-masa de hoy en día.

Porque, como escribía Francisco Chaves en un poético texto a propósito de una exposición pretérita de Juan Martínez, en las figuras de este autor «se expone la ausencia, haber sido... un rostro; se expone el anonimato, se expone el rostro de la masa, pero se expone angustiosamente ignorante», con una ignorancia «grave» más que «seria», como se desprende de una de las frases más reveladoras del pintor jiennense: «Nada de lo que he dicho es serio; pero tal vez sea grave». Es una gravedad que entronca con la tradición de la pintura española, aunque en las piezas exhibidas ahora se adviertan principalmente ecos de la serie de cabezas en homenaje a Julio González que hiciera Canogar a principios de los noventa, así como rastros de las vanitas del austero Luis Fernández, también un pintor que sentía predilección por los grises. En cualquier caso, esta enjundiosa muestra viene a corroborar que estamos ante un notable pintor, en la plenitud de sus facultades, y al que sólo le interesa el destino y la verdad que se esconde detrás de todo semblante anónimo.

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La pintura reflexiva de Juan Martínez se expone en Cajasol

El autor jiennense muestra lienzos y obra sobre papel con una gran profundidad filosófica
B. Ortiz / Diario de Sevilla |

El creador jiennense Juan Martínez muestra desde mañana en el Centro Cultural Cajasol una pintura reflexiva en la que, sirviéndose de un imaginario en el que abundan símbolos como calaveras, máscaras y cerillas a medio consumir, el autor plasma sus interrogantes sobre la vida. Como sostiene Antonio Cáceres, director del centro, "la obra de Juan Martínez nos pregunta, invita a un diálogo íntimo. Hay que ver esta exposición con una música que es el silencio. Es muy rica en claves".

Aunque "no es una pintura fácil, porque es una obra que exige muchas lecturas", el comisario José Soto quería "producir una especie de emoción en la primera mirada pública" con la selección que ha hecho, compuesta por 23 lienzos y una serie de obra sobre papel.

Martínez, que se define a sí mismo como "hijo del desarraigo" debido a su residencia en Suiza, confiesa su admiración por la filosofía de Nietzsche, "que es complicada pero más rica", y percibe sus cuadros como "pensamiento pintado". La carga de profundidad de sus lienzos se advierte en títulos como Deformación del signo, El vacío circular o Pastel de vanidades.

Del jiennense, José Manuel Caballero Bonald ha afirmado que "si uno de los esenciales objetivos del arte es proporcionarnos una enriquecedora versión de la experiencia del artista, Juan Martínez ha conseguido lo más ineludible: traspasar justamente al lenguaje de la pintura el lenguaje de la experiencia personal". Creaciones de Martínez forman parte de importantes colecciones como las del Guggenheim de Nueva York y el Museo de Bellas Artes de Génova.

"Aún así. Pinturas de Juan Martínez". Centro Cultural Cajasol (Laraña, 4) Sevilla . Hasta el 5 de enero de 2008.

http://www.diariodesevilla.es



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>> Actualizada: 17-05-2011


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